8 razones por las que procrastinamos (y 3 tips para dejar de hacerlo)

Hoy estaba en el centro de negocios “UrbanLabMadrid” y acabo de terminar una charla sobre productividad con unos emprendedores estupendos y una de las preguntas que surgió era: 

“¿Por qué procrastinamos?”

¿Cuáles son aquellas razones por la cual procrastinamos?

¿Por qué sabiendo que tenemos que hacer ciertas cosas, ya sean laborales o privadas; ya sea terminar un informe, llamar a un cliente enfadado o ya sea empezar a cuidar de nuestra salud, por qué siempre lo aplazamos?

Y en ese mismo instante me acordé de una analogía muy divertida que hizo un conferencista que vi en un momento, era en inglés y se llama: “Dan Lok.”

En todo caso, él hizo una comparación con hacer flexiones.

Una simple y sencilla flexión. Da igual si eres chico o chica, hombre o mujer, cualquiera puede hacer una flexión; ese no es el problema. No es tan complicado. Te vas al suelo, pones las dos manos y empujas. No tiene mucho más.

Pero sí hay unos demonios interiores que a veces hace que esa acción que en realidad dura nada, un par de segundos, lo aplazamos eternamente. Y esa analogía la usé hoy y ha sido muy amena, muy divertida.

1. El perfeccionista

Uno de los demonios que tenemos dentro cuando queremos hacer algo es “El perfeccionista”.

Claro, quiere que todo salga perfecto entonces antes de acometer ninguna acción, lo primero que hace es buscar la perfección:

“Bueno, tengo que poner las manos así o en este ángulo y sí, tengo que cerrar los dedos y así. Entonces ¿En qué posición me pongo? ¿Empujo mucho? No puedo tocar mucho el suelo porque eso es hacer trampa…”

¿Ves? Piensa todas las cosas de antemano y lo quiere hacer tan perfecto que al final se desanima y dice: “No, no, no. Si no lo hago bien puede ser que me salga mal. Mejor ni empiezo.”

2. El Vago

El segundo demonio que tenemos dentro es “El vago”.

Simplemente: “No, es que ¡Uf! Levantarme del sillón para hacer flexiones… Y va a ser que luego ¡Oh! Y mañana las agujetas. ¡No! Mejor déjalo que eso me cansa mucho.”

¿Ves que eso también es un demonio que llevamos dentro muchos, verdad? Simplemente a veces no hay ganas.

3. El Comparador

El tercero es “el comparador”.

Sí, se compara como si fuera la página web “Rastreator” (página española que compara servicios y precios) y empieza a compararse con otras personas.

El comparador dice: “Es que esa persona puede hacer 20 flexiones y vaya a ser que yo solamente consigo hacer una y nada más. Entonces , ¿Cómo me voy a sentir? Porque claro, él puede hacer muchos y yo puedo hacer pocos. No, mejor no vaya a ser que me lleve una decepción y yo nunca puedo ser tan bueno como él”.

Es un demonio muy, muy complicado. Si te comparas siempre con otra persona, siempre te vas a sentir inferior, nunca te vas a sentir competente y nunca vas a empezar a tomar las acciones que debes de tomar.

4. El Futurista

El demonio futurista es el que piensa: “Claro, es que yo quiero ampliar la musculatura aquí pero vaya a ser que me crezca mucho esto de aquí y eso a lo mejor no lo quiero. No vaya a ser que la novia que me voy a encontrar de aquí a dos años, no le gusta tanto el musculito y pierdo a la mujer de mi vida….”

Pero es que decimos cada tontería y puede que en esta analogía sobre “flexiones” te hace mucha gracia, pero te aseguro que estos pensamientos los llevamos a nivel subconsciente todo el rato. Pensamos en cosas que no tienen nada que ver.

5. El Idiota

Por ejemplo, también tenemos el idiota.

No me entiendan mal, pero el idiota es aquel que cree que: “Es que yo no sé cómo hacer una flexión. No, vaya a ser es que yo no controlo la técnica entonces tengo que leer otros 500 libros, ver otros 30 videos de YouTube y escuchar otros 50 podcast antes de que pueda hacer las flexiones.”

Tampoco te compliques tanto la vida, te vas al suelo, pones tus manos y haces tu primera flexión. Luego con el tiempo ya cuando acumulas un poquito de fuerza, ya vas a ir mejorando, vas a ir mejorando tu técnica y ya puedes estudiar más para aprender a ser proficiente en hacer flexiones, pero todo empieza con hacer esa primera flexión.

6. El Oyente

Y yo creo que el demonio más complicado o el más peligroso en todo caso, es el oyente. Sí, el oyente. Es el que siempre escucha a los demás.

El oyente está haciuendo sus flexiones llega su amigo y éste le dice: 

– ¿Oye qué estás haciendo?

– Estoy haciendo flexiones.

– ¿Y para qué?

– Pues nada, para estar más fuerte, adelgazar un poco, estar más saludable.

– No hombre, no. Flexiones no, eso no funciona. Tú lo que tienes que hacer es cardio.

– ¿Seguro?

– Sí, sí, tú lo que tienes que hacer es cardio.

– Bueno.

Y entonces el oyente le hace caso al amigo y empieza a hacer cardio. Y después de un mes se da cuenta de que ese cardio no funciona porque no se siente más fuerte ni ha adelgazado.

Y llega otro amigo: “No, no hombre ¿Por qué te vas a cansar tanto? No, no. Tú tienes que tomar una pastillita, mira. Esa es la que he comprado yo en Teletienda. Toma esta pastilla y vas a ver que vas a adelgazar.”

También le hace caso al otro amigo y en este momento ya se convirtió en el siguiente demonio que es el saltamontes,

7. El Saltamontes

Es la persona que siempre cree que como una cosa no funciona tiene que saltar a otra oportunidad y como eso tampoco funciona, salta a otra oportunidad y antes de realmente terminar las cosas o tomar realmente las otras acciones necesarias para conseguir los objetivos con la acción, ya salta a otro tema.

Ocurre mucho cuando estamos trabajando en nuestro proyecto ¿Verdad? E intentamos un plan de marketing, intentamos un Facebook Ads o cualquier cosa, después de una semana como no funciona Facebook Ads, vamos a intentar Google Ads y cómo no funciona Google Ads intentamos hacer podcast y como no funcionan los podcast… Pero nunca aguantamos bastante tiempo para conseguir nuestros objetivos y nuestras metas.

Y después del saltamontes, está finalmente…

8. El Inventor

Básicamente nos convertimos todos en inventores porque nos inventamos tantas historias en nuestra cabeza a nivel subconsciente.

Pensamos demasiado: tantas ideas, tantas historias, tanta tontería que no tiene nada que ver. Cosas que realmente no tienen ningún sentido. Pensamos que no vamos a ser buenos, que no lo vamos a conseguir.
O peor aún: “¡Vaya a ser que sí tenemos éxito!” “¿Qué puede pasar?” “E imagínate que finalmente gane dinero… ¿Qué vaya a pasar entonces? Va a cambiar todo el mundo y a lo mejor no quiero.”

Todos esos inventos que hacemos en nuestra cabeza hace que convertimos una tarea que de punto “A” a punto “B” realmente lleva poco tiempo pero si le añadimos todos esos demonios que acabamos de hablar ahora, ese tiempo se alarga más y no conseguimos absolutamente nada.

Lo peor de todo eso es que ocurre a nivel subconsciente y la verdad que aquí parece que lo estoy exagerando pero te juro, si pudiéramos grabar nuestras ideas, esas vocecitas que tenemos dentro, si las pudiéramos grabar, esperar un día y lo volvemos a escuchar nos partimos de risa.

Te darías cuenta: “Pero qué idiotez lo que acabo de decir aquí ¿No?

Sé un poco más animal

¿Entonces qué debemos hacer? Porque está muy bien hablar y reírnos un poco de nuestras pajas mentales pero al final ¿Qué podemos hacer para dejar de procrastinar? ¿Para empezar a tomar acción sin esperar?

Creo que ser un poquito como animales otra vez, instintivos. Cuando hay que hacer algo, hacerlo y ya está. Luego ya veremos los resultados.

Tampoco quiero decir que seas un inconsciente o que vayas por ahí haciendo locuras pero cuando tienes que terminar el informe, ponte a hacer el informe, terminalo. Si tienes que grabar un video de YouTube, ponte y hazlo. Si tienes que hacer esa llamada complicada, coge el teléfono y llama. Si no sale bien, pues ya mejorarás por el camino.

Pero para lo más importante en nuestras vidas voy a compartir tres TIPS.

Especialmente para esas causas importantes que procrastinamos, como empezar a cuidar más nuestra salud, empezar nuestra empresa, llevar nuestra empresa al siguiente nivel, como empezar a delegar esas tareas en nuestro negocio.

Primero: Pasión y Visión

 es primordial que marcamos grandes objetivos, que tengamos una gran visión, que visualicemos ese resultado, que también visualicemos cómo conseguimos ese resultado, que tengamos pasión y ganas para conseguir aquello que perseguimos.

Y para conseguir eso necesitas un gran “por qué”.

En otras palabras, está bien tener un gran objetivo pero necesitas una razón con peso.

Por ejemplo tu objetivo es este:

“Quiero ser más saludable, quiero perder 20 kilos, quiero empezar a hacer dieta ya”.

  • Muy bien pero ¿Por qué lo quieres hacer?
  • “Bueno, para bajar de peso.”
  • Y, ¿Para qué quieres bajar de peso?
  • “Para tener más autoestima, sentirme mejor conmigo mismo.”
  • eso ya está mejor ¿Y qué más?
  • “Para poder jugar con mis hijos en el parque sin cansarme”.

Esos son los “Por qué’s”, razones que inspiran a tomar acción.

Segundo: Filetear las tareas.

Siguiendo el ejemplo de bajar de peso, voy a compartir mi trayectoria personal.

Hace dos navidades, después de las fiestas y las comilonas ( qué estaba todo muy rico), había subido algunos kilitos y crucé ese límite de los 100 kilos. Llegué a pesar 104 kilos cuando terminaron las fiestas y dije: “Así no puede ser.” Entonces me propuse la meta de bajar 20 kilos.

Pero ¿Qué pasa? Que a lo mejor esos 20 kilos parece que es mucho e inalcanzable

“¿Cómo lo voy a conseguir? ¿Yo 20 kilos?”

El truco está en aprender a filetear ese objetivo en muchas pequeñas tareas

Si queremos subir la escalera que es muy alta, tenemos que saber que tenemos que empezar con el primer escalón. Y tenemos que filetear ese gran objetivo en pequeñas tareas que podemos consumir y que no lo vemos como tan imposibles.

En este ejemplo yo me dije: “Si quiero bajar 20 kilos en medio año, más es menos es un kilo por semana.” Si lo dices de esta manera ya no parece tan complicado ¿Verdad?

Si quieres aumentar las ventas un 30 % en un año, entonces calcula que es aproximadamente un 2 % al mes, que tampoco es tan complicado.

¿Qué tienes que hacer para subir la facturación un 2 % al mes? Eso quiere decir que en vez de 10 mil, tienes que facturar 10.200. Tan solo 200 más que antes. No parece tan imposible.

Entonces filetearlo en pequeñas tareas se te va a hacer la vida más fácil y vas a procrastinar menos porque ya no parece tan difícil, ya no vas a tener toda esa marea mental que te va a inhabilitar a empezar.

Y la tercera clave es ponerlo en tu agenda.

Bloquear tiempo, pero no solamente hoy, sino a largo plazo. Coges estos “filetes” que hemos cortado antes y las pones en tu agenda seis meses por adelantado.”

Dices: “Los lunes, cada lunes de tal hora a tal hora hago esto sí o sí.” Tómalo como la cita con el cliente más importante que tengas, esa cita NO se cancela.

Por ejemplo: Todos los lunes, de tres a cuatro voy al gimnasio. Sin excepción.

Además de ponerlo en la agenda, incluso te podrías comprometer con alguna persona para conseguirlo.

Por ejemplo, para ir al gimnasio te comprometes con un amigo o una amiga y de esa manera ya va a ser mucho más complicado romper o cancelar esa cita, proque tienes cierta obligación social para acudir a tu cita.

Finalmente creas un hábito y ese hábito realmente ya va a ser parte de tu vida, ya va a ser una implementación y te vas a dar cuenta que después de seis meses esto ya no se trata de tener que esforzarte a ir todos los lunes, no, no.

Ese lunes de tres a cuatro ya es parte de tu vida, es así. Lo haces todos los días al igual que todas las mañanas te cepillas los dientes. Esto se convirtió en un hábito, ya es una costumbre y ya es parte de tu vida.

Conclusión: 

Deja de ser perfeccionista, deja de ser oyente, deja de ser inventor, deja de ser futurista, deja de ser comparador, idiota ¿Vale? Simplemente sé un poquito más animal y cuando tienes una tarea adelante just do it.

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Un Abrazo

Julio

1 comentario en “8 razones por las que procrastinamos (y 3 tips para dejar de hacerlo)”

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